Pese a violencia, Meade, 'El Bronco' y Anaya comieron de todo en campaña

Pese a violencia, Meade, ‘El Bronco’ y Anaya comieron de todo en campaña

Tras la revelación de Tatiana Clouthier en el sentido de que le alertaron que querían envenenar a Andrés Manuel López Obrador, consultados por El Universal, integrantes de los equipos que acompañaron a los tres candidatos presidenciales en la contienda de 2018 narran un poco su dinámica cotidiana en cuanto a los alimentos.

Jaime Rodríguez Calderón igual se comía unas gorditas en el mercado que aceptaba una cerveza que le regalaban a su paso, José Antonio Meade recibía sin rubor cualquier regalo o amuleto que le regalaban sus seguidores, mientras que Ricardo Anaya se sentaba en el local de cualquier aeropuerto a tomar un café o en un puesto de tacos a cenar; ninguno pensó en que podía ser envenenado o consideró alguna medida de seguridad respecto a su alimentación.

El ex candidato presidencial independiente Jaime Rodríguez Calderón, «El Bronco», nunca tuvo empacho en comerse una torta, un taco, un caldo o hasta tomarse una cerveza durante la pasada campaña presidencial «sobre todo si era fiado», bromeaba. Durante sus recorridos por el país en la búsqueda del llamado «voto independiente», el gobernador de Nuevo León visitó mercados, plazas públicas y hasta organizó «su carnita» asada sin temor a probar los alimentos.

En Toluca comió una torta del «Ojeis», en la plaza Fray Andrés de Castro, y se comió un taco de obispo que remató con el tradicional «mosquito». En Querétaro, en el mercado de la Cruz, tras ser confundido con cantante Guadalupe Esparza, se comió un par de gorditas de chicharrón con una Tecate.

Mientras que en su terruño, García, Nuevo León, comió tacos de guisado y organizó en su rancho una «carne asada» con youtubers especialistas en el arte de la parrilla. Y aunque siempre viajó con su escolta personal, porque ha sufrido tres atentados, él mismo probaba sus alimentos sin temor alguno. Incluso en el marcado de Juárez de Saltillo, compartió con locatarios un mole de olla recie hecho. Siendo candidato presidencial del PRI-PVEM-NA, José Antonio Meade no se puso restricción alguna.

Siempre comió todo lo que le invitaron en eventos públicos y privados. Recibió dulces que terminaron, incluso, siendo ingeridos por Meade Kuribreña y su equipo de trabajo. Su ex vocero, Eduardo Del Río, relató que el tema de evitar comer a los lugares a los que visitó como candidato, nunca pasó por su cabeza y menos por un tema de seguridad. «Al contrario», contó Del Río, «se come todo lo que le ponen».

Los regalos también los recibió todos: amuletos, estampas religiosas, artesanías. Solamente no recibió los presentes que llegaron a ser ostentosos. La seguridad del candidato siempre fue aquella que recibe un aspirante a la Presidencia de la República, pero nada más allá de lo normal.

Por su parte, el ex candidato presidencial de la coalición Por México al Frente (PAN, PRD y MC), Ricardo Anaya Cortés, en ningún momento se sintió amenazado o temeroso de sufrir un atentado en su contra.. Anaya Cortés comía y bebía sin problema alguno cualquier platillo que le ofrecieran o comprara en los diversos municipios que visitó durante la campaña presidencial que arrancó en marzo del año pasado, y concluyó el 2 de julio.

Llegó a comer en la Ciudad de México, tacos de suadero en «Los Parados», una hamburguesa en algún establecimiento del Aeropuerto de Monterrey, o unas quesadillas de La Marquesa, Estado de México. También un platillo del lugar que visitaba, hasta unos cacahuates o barras de cereal, que ofrecen las aerolíneas. Ricardo Anaya tampoco cuidaba lo que bebía, bien podía ser una botella de agua de las que repartir a los asistentes a sus eventos, como bebidas traicionarles que le ofrecían en las localidades a las que acudió a promocionar el voto a su favor.

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